sábado, 11 de noviembre de 2006

La Carta de Erin, Una Niña Especial

Erin no sabe leer, ni escribir como nosotros,
pero Mickie, su madre,
sabe lo que quiere decir y nos lo cuenta.


A MI MADRINA
Por Mickie Mulkern

Esperaste muchos meses a que llegase.
Estabas allí, y me viste cuando tenía sólo unos minutos.
Y me cambiaste los pañales cuando yo era de unos días.

Soñabas con tu primera ahijada:
Será precoz como su hermana.
La acompañarás a la escuela, al colegio, al altar.
¿Qué sería yo? ¿El orgullo de los que me quieren?

Dios tenía otros planes sobre mí. Soy lo que soy.
Nadie me ha llamado nunca precoz.
Algo no marcha bien en mi cabeza.
Seré una hija de Dios para siempre.

Soy feliz. Amo a todos y todos me aman.
Pero soy capaz de comunicar y de entender.
Afecto, calor, cariño y amor.

Hay gente especial en mi vida.
A veces los veo sonreír, a veces llorar.
¿Por qué? Soy feliz, mis íntimos me aman.
¿Qué más puedo pedir?

No iré nunca al colegio, y nunca me casaré.
Pero no estés triste: Dios me hizo especial.
No puedo hacer daño, soy sólo capaz de amar.
Y quizás Dios ha menester de algunos niños
que sencillamente amen.

No, nunca seré un éxito a los ojos del mundo.
Pero te prometo algo que pocos pueden prometer.
Lo único que conozco es el amor, bondad, inocencia.
Podremos compartir la eternidad, madrina.

Con cariño, Erin

Carta del Jefe Seathl

Carta que envió el Jefe Seathl
al Presidente de EEUU.

“El Gran Jefe de Washington manda palabras, quiere comprar nuestras tierras. El Gran Jefe también manda palabras de amistad y bienaventuranza. Esto es amable de parte suya, puesto que nosotros sabemos que él tiene muy poca necesidad de nuestra amistad. Pero tendremos en cuenta su oferta, porque estamos seguros de que si no obramos así, el hombre blanco vendrá con sus pistolas y tomará nuestras tierras. El Gran Jefe de Washington puede contar con la palabra del Gran Jefe Seathl, como pueden contar nuestros hermanos blancos con el regreso de las estaciones. Mis palabras son como las estrellas: nada ocultan.

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo y el calor de la tierra? Esta idea es extraña para nosotros. Si hasta ahora no somos dueños de la frescura del aire o del resplandor del agua. ¿Cómo nos los pueden ustedes comprar? Nosotros decidiremos en nuestro tiempo. Cada parte de esta tierra es sagrada para mi gente. Cada brillante hoja de pino, cada orilla arenosa, cada rincón del oscuro bosque, cada claro y zumbador insecto, es sagrado en la memoria y experiencia de mi gente.

Nosotros sabemos que el hombre blanco no entiende nuestras costumbres. Para él, una porción de tierra es lo mismo que otra, porque él es un extraño que viene en la noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemigo y cuando él la ha conquistado sigue adelante. El deja las tumbas de sus padres atrás, y no le importa. El empeña la tierra de sus hijos, y no le importa. Así las tumbas de sus padres y los derechos de nacimiento de sus hijos son olvidados. Su apetito devorará la tierra y dejará atrás un desierto.

Si yo decido aceptar, pondré una condición: el hombre blanco deberá tratar a las bestias de esta tierra como hermanos. Yo soy salvaje y no entiendo ningún otro camino. He visto miles de búfalos pudriéndose en las praderas, abandonados por el hombre blanco que pasaba en el tren y los mataba. Yo soy un salvaje y no entiendo como el “caballo de hierro que fuma” puede ser más importante que los búfalos que nosotros matamos sólo para sobrevivir. ¿Qué será del hombre sin las bestias? Si todas las bestias desaparecieran, el hombre moriría de una gran soledad en el espíritu: porque cualquier cosa que les pase a las bestias, también le pasa al hombre. Todas las cosas están relacionadas. Todo lo que hiere a la tierra, herirá también a los hijos de la tierra. Nuestros hijos han visto a sus padres humillados en la derrota. Nuestros guerreros han sentido la vergüenza. Y después de la derrota convierten sus días en tristezas, y ensucian su cuerpo con comida y bebidas fuertes.

Cuando el último piel rojas haya desaparecido de la tierra y su memoria sea solamente la sombra de una nube cruzando la pradera, estas costas y estas praderas aún contendrán los espíritus de mi gente: porque ellos aman esta tierra como el recién nacido ama el latido del corazón de su madre. Si nosotros vendemos a ustedes nuestra tierra, ámenla como nosotros la hemos amado. Cuídenla, como nosotros la hemos cuidado. Retengan en sus mentes la memoria de la tierra, tal como se la entregamos.

Y con todas sus fuerzas, con todas sus ganas, consérvenla para sus hijos. Y ámenla como Dios nos ama a todos. Una cosa nosotros sabemos: nuestro Dios es el mismo Dios de ustedes; esta tierra es preciosa para Él. Y el hombre blanco no puede estar excluido de un destino común”.