La Carta de Erin, Una Niña Especial
Erin no sabe leer, ni escribir como nosotros,
pero Mickie, su madre,
sabe lo que quiere decir y nos lo cuenta.
A MI MADRINA
Por Mickie Mulkern
Esperaste muchos meses a que llegase.
Estabas allí, y me viste cuando tenía sólo unos minutos.
Y me cambiaste los pañales cuando yo era de unos días.
Soñabas con tu primera ahijada:
Será precoz como su hermana.
La acompañarás a la escuela, al colegio, al altar.
¿Qué sería yo? ¿El orgullo de los que me quieren?
Dios tenía otros planes sobre mí. Soy lo que soy.
Nadie me ha llamado nunca precoz.
Algo no marcha bien en mi cabeza.
Seré una hija de Dios para siempre.
Soy feliz. Amo a todos y todos me aman.
Pero soy capaz de comunicar y de entender.
Afecto, calor, cariño y amor.
Hay gente especial en mi vida.
A veces los veo sonreír, a veces llorar.
¿Por qué? Soy feliz, mis íntimos me aman.
¿Qué más puedo pedir?
No iré nunca al colegio, y nunca me casaré.
Pero no estés triste: Dios me hizo especial.
No puedo hacer daño, soy sólo capaz de amar.
Y quizás Dios ha menester de algunos niños
que sencillamente amen.
No, nunca seré un éxito a los ojos del mundo.
Pero te prometo algo que pocos pueden prometer.
Lo único que conozco es el amor, bondad, inocencia.
Podremos compartir la eternidad, madrina.
Con cariño, Erin
Erin no sabe leer, ni escribir como nosotros,
pero Mickie, su madre,
sabe lo que quiere decir y nos lo cuenta.
A MI MADRINA
Por Mickie Mulkern
Esperaste muchos meses a que llegase.
Estabas allí, y me viste cuando tenía sólo unos minutos.
Y me cambiaste los pañales cuando yo era de unos días.
Soñabas con tu primera ahijada:
Será precoz como su hermana.
La acompañarás a la escuela, al colegio, al altar.
¿Qué sería yo? ¿El orgullo de los que me quieren?
Dios tenía otros planes sobre mí. Soy lo que soy.
Nadie me ha llamado nunca precoz.
Algo no marcha bien en mi cabeza.
Seré una hija de Dios para siempre.
Soy feliz. Amo a todos y todos me aman.
Pero soy capaz de comunicar y de entender.
Afecto, calor, cariño y amor.
Hay gente especial en mi vida.
A veces los veo sonreír, a veces llorar.
¿Por qué? Soy feliz, mis íntimos me aman.
¿Qué más puedo pedir?
No iré nunca al colegio, y nunca me casaré.
Pero no estés triste: Dios me hizo especial.
No puedo hacer daño, soy sólo capaz de amar.
Y quizás Dios ha menester de algunos niños
que sencillamente amen.
No, nunca seré un éxito a los ojos del mundo.
Pero te prometo algo que pocos pueden prometer.
Lo único que conozco es el amor, bondad, inocencia.
Podremos compartir la eternidad, madrina.
Con cariño, Erin
