sábado, 4 de noviembre de 2006

Los Barcos de Papel


Todos los días echo mis barcos de papel al río, donde flotan y, uno tras otro, son arrastrados por la corriente.
En ellos he escrito, con grandes letras negras, mi nombre y el nombre de mi pueblo.
Confío en que alguien los encontrará, en un país lejano, y así sabrá quién soy.
Cargo mis barquitos con flores de shiuli cogidas en nuestro jardín, y espero que estas flores abiertas al amanecer tendrán la suerte de llegar al país de la noche.
Después de haber echado al agua mis barcos de papel, levanto los ojos al cielo y veo que las nubecillas preparan sus velas blancas y combadas.
Tal vez algún amiguito juegue conmigo desde el cielo, lanzándolas al viento, para que compitan con mis barcos...
Cuando llega la noche, hundo la cabeza entre mis brazos y sueño que mis barcos de papel bogan sin cesar, cada vez más lejos, bajo la claridad de las estrellas de la medianoche.
Las hadas del sueño viajan en ellos, y llevan por carga sus cestos llenos de ensueños.
Rabindranath Tagore

!Adios!

Las cosas que mueren jamás resucitan, las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda es polvo por siempre y por siempre será!
Cuando los capullos caen de la rama dos veces seguidas no florecerán...
¡Las flores tronchadas por el viento impío se agotan por siempre, por siempre jamás!
¡Los días que fueron, los días perdidos, los días inertes ya no volverán!
¡Qué tristes las horas que se desgranaron bajo el aletazo de la soledad!
¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas, las sombras creadas por nuestra maldad!
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas, las cosas celestes que así se nos van!
¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!...
—de llagas infectas— ¡cúbrete de mal!...
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte, corazón maldito que inquietas mi afán!
¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!
¡Adiós mi alegría llena de bondad!
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas, las cosas celestes que no vuelven más! ...

Alfonsina Storni

El Poncho (fragmento)

!Pobre mi poncho viejo, ya lo estaba olvidando!
Para que se oreara lo he dejado
extendido en el cerco,
y luego de una noche a la intemperie
amaneció cubierto de rocío,
humedo y estirado...
!Como si el viento se lo hubiera puesto!

El Árbol

Árbol que como el hombre te alimentas de lodo,
pero que alzas al cielo los brazos retorcidos
y apretado a tus ramas mantienes alto todo,
quiero tu paz severa, tu fe en orar en vano,
tu esperar cuando emigran, que las aves regresen,
tu silencio más hondo que mi cantar humano
y tu ardor por cubrirte de flores, que fenecen...
Tú te bastas: tú creas la flor que lleva un germen
que en cualquier tiempo sano perpetuará tu ser,
el hombre, tras de angustias de amores que le enfermen,
pondrá en su estirpe obscuras influencias de mujer.
Árbol, tu sombra a todos protege, tu perfume
por el amor del viento se puede disfrutar,
pero el hombre en sus ansias de darse, se consume
por ofrecer un bien que no puede formar...
Buscándolo, recorre los valles, su destino
obscuro le hace ser eterno vagabundo,
y tú, inmovilizado junto a cualquier camino,
le dices que encontraste tu sitio en este mundo.
Jorge Hubner Bezanilla

Cansancio

Quién pudiera dormirse como se duerme un niño,
sonreir entre sueños al sueño del dolor,
y soñar con amigos y soñar el cariño,
y hundirse poco a poco en un sueño mayor.
Y cruzar por la vida sonambulescamente,
los ojos muy abiertos sobre un mundo interior,
con los labios sellados, mudos eternamente,
atento sólo al ritmo del propio corazón...
Y pasar por la vida sin dejar una huella...
Ser el pobre arroyuelo que se evapora al sol...
Y perderse una noche como muere una estrella
que ardió millares de años y que nadie la vió...
Carlos Moncada

Nosotros los Hombres (fragmento)

Yo deseo que todo, que la vida sea nuestra
como el agua y el viento.
Que nadie tenga nunca más patria que el vecino.
Que nadie diga más la finca mía, el barco...
sino la finca nuestra, de Nosotros los Hombres.
Jorge Debravo

Hombre

Soy hombre, he nacido,
tengo piel y esperanza.
Yo exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.
No soy dios; soy un hombre
(como decir un alga)
Pero exijo calor en mis raíces,
almuerzo en mis entrañas.
No pido eternidades
llenas de estrellas blancas.
Pido ternura, cena,
silencio, pan y casa...
Soy hombre, es decir,
animal con palabras.
Y exijo, por lo tanto,
que me dejen usarlas.
Jorge Debravo

El Pequeño Pez

El pequeño pez le preguntó
al viejo pez
¿Dónde puedo encontrar eso que llaman Océano?
- es donde estás ahora - dijo el viejo pez
¿Esto? Pero si esto es solo agua,
y decepcionado se marchó a otra parte.
(Deja de buscar, pequeño pez. No hay nada que buscar.
Sólo tienes que estar tranquilo, abrir los ojos y mirar.
No puedes dejar de verlo).

El Mono que Salvó a un Pez

¿Qué demonios estas haciendo?
le pregunté al mono cuando le ví sacar
un pez del agua y colocarlo en la rama
de un árbol.
"Estoy salvándole de perecer ahogado"
me respondió.

A veces no bastan las buenas intenciones.

Mis poetas preferidos

Soy admirador de Amado Nervo, Tagore, León Felipe, Machado, y de un poeta coterráneo (costarricense) Jorge Debravo, Alfonsina Storni.
Soy lector de versos, biografías, caminador todas las mañanas (de 4 a 6 am) y con un amigo caminar en los bosques cerca de mi casa.

La Montaña

Desde que no persigo las dichas pasajeras,
muriendo van en mi alma temores y ansiedad
la Vida se me muestra con amplias y serenas
perspectivas, y siento que estoy en las laderas
de la montaña augusta de la Serenidad.
Comprendo al fin el vasto sentido de las cosas;
sé escuchar en silencio lo que en redor de mí
murmuran piedras, árboles, ondas, auras y rosas...
Y advierto que me cercan mil formas misteriosas
que nunca presentí.
Distingo un santo sello sobre todas las frentes;
un divino me fecit Deus, por doquier,
y noto que me hacen signos inteligentes
las estrellas, arcano de las noches fulgentes,
y las flores, que ocultan enigmas de mujer.
La Esfinge ayer adusta, tiene hoy ojos serenos;
en su boca de piedra florece un sonreír
cordial, y hay en la comba potente de sus senos
blanduras de almohada para mis miembros llenos
a veces de la honda laxitud del vivir.
Mis labios, antes pródigos de versos y canciones,
ahora experimentan el deseo de dar
ánimo a quien desmaya, de verter bendiciones,
de ser caudal perenne de aquellas expresiones
que saben consolar.
Finé mi humilde siembra; las mieses e n las eras
empiezan a dar fruto de amor y caridad;
se cierne un gran sosiego sobre mis sementeras;
mi andar es firme...
!Y siento que estoy en las laderas
de la montaña augusta de la Serenidad!
Amado Nervo