Árbol que como el hombre te alimentas de lodo,
pero que alzas al cielo los brazos retorcidos
y apretado a tus ramas mantienes alto todo,
quiero tu paz severa, tu fe en orar en vano,
tu esperar cuando emigran, que las aves regresen,
tu silencio más hondo que mi cantar humano
y tu ardor por cubrirte de flores, que fenecen...
Tú te bastas: tú creas la flor que lleva un germen
que en cualquier tiempo sano perpetuará tu ser,
el hombre, tras de angustias de amores que le enfermen,
pondrá en su estirpe obscuras influencias de mujer.
Árbol, tu sombra a todos protege, tu perfume
por el amor del viento se puede disfrutar,
pero el hombre en sus ansias de darse, se consume
por ofrecer un bien que no puede formar...
Buscándolo, recorre los valles, su destino
obscuro le hace ser eterno vagabundo,
y tú, inmovilizado junto a cualquier camino,
le dices que encontraste tu sitio en este mundo.
Jorge Hubner Bezanilla

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