martes, 14 de noviembre de 2006

Consuelo

A los viejos les gusta dar buenos consejos, para consolarse de no poder dar malos ejemplos.

François de la Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.

Nadie es tan viejo

Nadie es tan viejo que no pueda vivir un año más, ni tan mozo que hoy no pudiese morir.

Fernando de Rojas (1465-1541) Escritor español autor de La Celestina.

Gran libro es la vejez

Gran libro es la vejez. ¡Lástima que el hombre tenga que morirse cuando comienza a leerlo con provecho!

Jose María de Pereda (1833-1906) Escritor español.

Rima LII

Olas gigantes que os rompéis
bramando en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!
Ráfagas de huracán
que arrebatáis del alto bosque
las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!
Nube de tempestad
que rompe el rayo y en fuego
ornáis las sangrientas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!.
Llevadme,
por piedad,
a donde el vértigo con la razón
me arranque la memoria.
¡Por piedad!
¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!.

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima II

Saeta que voladora cruza,
arrojada al azar,
y que no se sabe dónde
temblando se clavará;
hoja que del árbol seca

arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte
el surco donde al polvo volverá;
gigante ola

que el viento riza
y empuja en el mar,
y rueda y pasa,
y se ignora
qué playa buscando va;
luz que en cercos temblorosos brilla,

próxima a expirar,
y que no se sabe de ellos
cuál el último será;
eso soy yo,

que al acaso cruzo el mundo
sin pensar de dónde vengo
ni a dónde mis pasos me llevarán.

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima VII

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas

como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve que sabe arrancarlas!
—¡Ay! —pensé—; ¡cuántas veces el genio

así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: «¡Levántate y anda!».

Gustavo Adolfo Bécquer

! Buenos Días !

Autor: H. Demetrio Navarrete
Caminando por la calle y saludando a las personas ¿qué es lo primero que les decimos o lo primero que escuchamos? «Buenos días» -nos dicen- y contestamos naturalmente: «Buenos días».
En ocasiones nos fijamos en la persona que nos saluda como nos fijaríamos en un escaparate de una tienda, es decir, ni le ponemos atención. «¡Buenos días!» Esa es la frase que escuchamos todos los días de la semana. Nos la dicen nuestros seres queridos y nos la repiten los compañeros del trabajo cuando salen de casa, se lo escuchamos a las personas a las que tratamos. Es más, hasta la podemos citar en inglés y en francés. Good morning! Bon Jour!.... Es el optimismo que nos hace augurar lo mejor para nuestro semejante. Quisiéramos que todos disfrutaran del mejor de los días. Les deseamos que verdaderamente ese día sea diferente, que él no tenga preocupaciones más que las ordinarias y para nosotros tan importantes como ¿A qué hora salgo del trabajo? ¿cuando me pagan mi salario? ¿Qué voy a hacer el próximo fin de semana?... Además en algunas culturas el optimismo está pintado en cada una de las personas desde que nace. Hay pueblos a los cuales no los podemos imaginar tristes. Hizo buen día y fiesta, hizo mal día y fiesta. Hoy no nos fue bien y fiesta. Viven felices aunque se la pasen muy mal. Son así y así seguirán.
A mí me gustaría ahora decir verdaderamente a cada uno de los habitantes de este mundo. «¡Buenos días! Les deseo lo mejor para este día que comienzan.» Pero no sé si todos me escucharían bien o interpretarían que estoy burlándome. Pues decírselo a los habitantes de Washington que, viven en la angustia de no saber si ellos serán los siguientes destinatarios de un atentado, es un poco complicado, y sin embargo, ¡Buenos días! Y tú también habitante de Moscú donde sé que la inseguridad te ha hecho presa ¡Buenos días! A los colombianos que viven en zona de conflicto, para que no pierdan la esperanza de la paz. ¡Buenos días! Y como no olvidar a los enfermos terminales de los hospitales ¡Buenos días! ¿Conocemos a alguien más que habría que darle los buenos días? Yo conozco muchas personas más. Pero ustedes también conocen, entonces díganles con el corazón en la mano ¡Buenos días! Sí, porque decirles estas palabras al menos es un poco de bálsamo para su sufrimiento. Tal vez hasta una pequeña luz entre tanto dolor. Para los que creemos en Dios es más fácil entender los sufrimientos porque creer en Dios significa saber que no todo termina en los hechos. Si tú crees en Dios, dale a todos un poco de esperanza, háblales de que hay algo más allá de estos sufrimientos, vamos a infundirles optimismo. ¿Por qué no saludamos a todos con este optimismo? ¿por qué no buscamos nosotros también transmitir alegría? Díganles a todos ¡Buenos días!