martes, 14 de noviembre de 2006

Rima VII

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas

como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve que sabe arrancarlas!
—¡Ay! —pensé—; ¡cuántas veces el genio

así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: «¡Levántate y anda!».

Gustavo Adolfo Bécquer

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