Antepasado mío,
hoy te he visto gozoso,
reencarnado en mis dos hijos.
La tarde olía a madurez y a mango.
Por las mejillas de mis niños
—dulce y amadamente— resbalabas.
Jorge Debravo
viernes, 24 de noviembre de 2006
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario