La hija del tabernero
está sentada a la puerta.
Es un sensual avispero
su aire de mosquita muerta.
Porque ella sabe... ¡canalla!
y sabe que cuando paso
voy librando una batalla
con esas piernas de raso.
Yo sé que una noche habrá
en la taberna alboroto
y un hombre maldecirá
lívido y el pecho roto.
Y sé que al día siguiente
ella seguirá en la puerta
con su carita inocente
y su aire de mosca muerta.
Ángel Lázaro

No hay comentarios:
Publicar un comentario