en el camino hay un rancho,
en el rancho, una ventana,
por donde se asoma el alba
de una lucecita blanca.
dentro del rancho una pareja:
afuera, un caballo negro;
el caballo atado a un árbol
por dos vueltas del cabestro,
y la moza con el mozo
abrochados en un beso.
la medianoche amanece
en el pico de los gallos;
silba en lo obscuro un chingolo
un chingolito romántico,
de esos que entrada la noche
prenden la chispa de un canto.
siguen pasando las horas:
el cielo se va aclarando,
y el alba grande del día
apaga el alba del rancho.
Fernán Silva Valdés
viernes, 10 de noviembre de 2006
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