Media vida se me ha ido, y he dejado
que los años se resbalen y no he cumplido
la aspiración de mi juventud, construir
alguna torre de canciones con alto parapeto.
Ni la indolencia, ni el placer, ni la prisa
de incansables pasiones que no se aquietan,
sino la tristeza, y una aflicción casi asesina,
me apartó de lo que todavía puedo realizar;
aunque, a mitad del camino, veo el Pasado
extenderse a mis pies con sus rumores y sus suspiros
como una ciudad vasta y ruidosa en el crepúsculo,
con chimeneas humeantes, suaves campanas y luces que centellean,
y escucho sobre mi cabeza en el trueno otoñal
la catarata de muerte despeñándose lejana desde lo alto.
Henry wadsworth longfellow

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