viernes, 28 de septiembre de 2007



Tú Señor

en la hora primera
y en la postrera también,

en el corazón que goza
y en la faz triste y llorosa,

en la hoja de primavera
y en la nieve del camino a la vera,

en la luz que relumbra
y en la sombra que deslumbra,

en el canto del frívolo concierto
y en la voz en el desierto,

en el primer latido
y en el último aliento,

en la risa argentina de la brisa,
y en la carcajada y los ecos
del rayo que cae lejos,

en el rocío mañanero
y en el monzón del invierno,

en el naciente brotecito verde
y en la hoja seca que se pierde,

en la espuma que tímida se retira
luego que a la playa ha besado,

y en la poderosa tormenta
que se convierte en tornado,

en la paz y en la guerra
en la sangre y el sudor,

en el aire, el agua y la tierra
estas presente Señor.
Eternamente felices *

Las lágrimas vertidas
nos secarán en el cielo,
una a una, todas,
con un bendito pañuelo,

los dolores, las tristezas,
las penas, los sufrimientos,
quedarán en paz convertidos,
serán tan solo recuerdos,

todo será claro y fresco
como mañanita de invierno,
las heridas cubiertas
con curitas de terciopelo,

las gotitas de rocío
que brillan a la luz tenue,
servirán para lavarse
las penas del pensamiento,

y eternamente tendremos:

estantes con muchos libros,
también música en estéreo,
siempre será de día,
y nunca nos dará sueño.
El sabio *

El sabio no espera nada,
no porque ya lo tenga,
sino que disfruta hoy,
de lo que no le hace falta,

el sabio necesita poco,
y como Sócrates en el mercado,
todos los días se da cuenta,
de lo que no ha necesitado,

no le preocupa perder
lo que tenga guardado,
pues como buen sabio que es,
no acumuló ayer
lo que no ha de necesitar mañana,

y así vive, tranquilo,
sin ambiciones paganas,
solo llenando necesidades,
de pan, cobija y casa,

a su tiempo la Hermana Muerte,
con sus manos adiestradas,
lo llevará donde tendrá,
lo que realmente hace falta.

domingo, 25 de febrero de 2007


Ana Frank escribiendo en su Diario



Con cara soñadora
Del Diario de Ana Frank.

23 de febrero de 1944

ª El que se sienta abandonado, triste o preocupado, que vaya donde pueda estar solo, solo con el cielo, la naturaleza y Dios. Entonces, sólo entonces, comprenderá que todo es como debe ser y que Dios quiere ver feliz al hombre y por eso le ha rodeado de cosas bellas. Mientras sea así, y así deberá ser siempre, yo sé que, en cualquier circunstancia, hay un consuelo para cada pena, y creo firmemente que la naturaleza alivia muchos pesares ª.

ª Carecemos de muchas cosas, y desde hace tiempo. Lo siento tan bien como tú. No estoy hablando de cosas externas. De eso tenemos bastante. No, hablo de cosas que nos hacen vibrar interiormente. Ansío, tanto como tú, tener libertad y poder respirar a pleno pulmón, pero ahora creo que, por estas privaciones, estamos ampliamente recompensados. Lo comprendí de pronto, esta mañana, al mirar por la ventana. Al mirar hacia fuera y percibir la existencia de Dios en lo más profundo de la naturaleza, me sentí feliz, completamente feliz. Peter, mientras conservemos en nosotros esta facultad, la facultad de gozar de la naturaleza y de la salud, nunca podremos sentirnos desgraciados. La riqueza, el prestigio, todo puede perderse, pero, si conservamos la alegría del corazón, podremos seguir siendo felices mientras vivamos. Mientras podamos mirar al cielo sin temor sabremos que conservamos el corazón puro y que, pase lo que pase, podremos volver a ser felices.ª



P.D.: El cuatro de agosto de 1944, la Feld-Polizei los detuvo y fueron enviados a campos de concentración. En marzo de 1945, Ana murió en Bergen-Belsen, dos meses antes de la liberación de Holanda.
EL AMOR


Dijo Almitra: Háblanos del Amor.

Y él levantó la cabeza, miró a la gente y una quietud
descendió sobre todos. Entonces, dijo con gran voz:

Cuando el amor os llame, seguidlo. Y cuando su camino sea duro y difícil. Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunque la espada entre ellas escondida os hiriera.

Y cuando os hable, creed en él. Aunque su voz destroce vuestros sueños, tal cómo el viento norte devasta los jardines.

Porque, así como el amor os corona, así os crucifica. Así como os acrece, así os poda.

Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas, que se
estremecen bajo el sol, así descenderá hasta vuestras raíces y las sacudirá en un abrazo con la tierra.

Como trigo en gavillas él os une a vosotros mismos.

Os desgarra para desnudaros.

Os cierne, para libraros de vuestras coberturas.

Os pulveriza hasta volveros blancos.

Os amasa, hasta que estéis flexibles y dóciles.

Y os asigna luego a su fuego sagrado, para que podáis convertiros en sagrado pan para la fiesta sagrada de Dios.

Todo esto hará el amor en vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por ese conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.

Pero si, en vuestro miedo, buscareis solamente la paz y el placer del amor, entonces, es mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales, hacia un mundo sin primaveras donde reiréis, pero no con toda vuestra risa, y lloraréis, pero no con todas vuestras lágrimas.

El amor no da nada más a sí mismo y no toma nada más que de sí mismo.

El amor no posee ni es poseído. Porque el amor es suficiente para el amor.

Cuando améis no debéis decir: «Dios está en mi corazón», sino más bien: «Yo estoy en el corazón de Dios.»

Y pensad que no podéis dirigir el curso del amor porque él si os encuentra dignos, dirigirá vuestro curso.

El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.

Pero, si amáis y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:

Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche.

Saber del dolor de la demasiada ternura.

Ser herido por nuestro propio conocimiento del amor.

Y sangrar voluntaria y alegremente.

Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.

Descansar al mediodía y meditar el éxtasis de amar. Volver al hogar con gratitud en el atardecer.

Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón y una canción de alabanza en los labios.


Khalil Gibrán


miércoles, 14 de febrero de 2007

Edith Stein

Tambien he leido algo sobre la santa judia, que vivio la misma tragedia de Ana Frank, solo por su sangre judia, y que casualmente comparte con ella el haber huido a Holanda donde fue capturada y llevada al mismo campo que Ana y murio casi en la misma fecha que ella. Una monja que ofrecio su muerte por su pueblo y por compartir los sufrimientos de Jesus, un hermano de sangre. Es muy hermoso ver que los sacrificios de algunas personas, sean testimonio para otras, y que las injusticias tienen compensacion.

Ana Frank

Se me han pasado muchos dias sin ingresar, pero hoy lo hago por una buena razon. He releido El Diario de Ana Frank, un libro que compre con mi primer sueldo en el año 1967 y que me ha conmovido nuevamente. Hoy tengo la oportunidad de accesar la Web y pude entrar en la pagina donde esta toda la historia y los lugares donde vivio y donde murio. Antes me daba tristeza su suerte, el morir tan joven y con tantos deseos de hacer cosas, pero hoy entiendo que Dios escribe recto con renglones torcidos. Queria ser escritora y servir a los demas, ser famosa y querida, y logro esto y mas con su diario, y es una martir que gano el cielo con su sufrimiento, esto me hace reconocer una vez mas que las cosas suceden porque Dios asi lo quiere y a veces no entendemos sus motivaciones. Me siendo agradecido y contento de que lo que consideraba una tragedia sea mas bien un ejemplo del amor de Dios para todos y todas.
Escribió un testimonio sincero de si misma creyendo que nadie leería su Diario y eso nos hace identificarnos con ella y compartir todos sus sentimientos de niña y de mujer, de duda y de fe, de desánimo y esperanza. Hizo y vivió en sus pocos años lo que a otros nos lleva toda una vida y lo hacemos a medias.