viernes, 28 de septiembre de 2007



Tú Señor

en la hora primera
y en la postrera también,

en el corazón que goza
y en la faz triste y llorosa,

en la hoja de primavera
y en la nieve del camino a la vera,

en la luz que relumbra
y en la sombra que deslumbra,

en el canto del frívolo concierto
y en la voz en el desierto,

en el primer latido
y en el último aliento,

en la risa argentina de la brisa,
y en la carcajada y los ecos
del rayo que cae lejos,

en el rocío mañanero
y en el monzón del invierno,

en el naciente brotecito verde
y en la hoja seca que se pierde,

en la espuma que tímida se retira
luego que a la playa ha besado,

y en la poderosa tormenta
que se convierte en tornado,

en la paz y en la guerra
en la sangre y el sudor,

en el aire, el agua y la tierra
estas presente Señor.

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