Tú
Tú Señor
en la hora primera
y en la postrera también,
en el corazón que goza
y en la faz triste y llorosa,
en la hoja de primavera
y en la nieve del camino a la vera,
en la luz que relumbra
y en la sombra que deslumbra,
en el canto del frívolo concierto
y en la voz en el desierto,
en el primer latido
y en el último aliento,
en la risa argentina de la brisa,
y en la carcajada y los ecos
del rayo que cae lejos,
en el rocío mañanero
y en el monzón del invierno,
en el naciente brotecito verde
y en la hoja seca que se pierde,
en la espuma que tímida se retira
luego que a la playa ha besado,
y en la poderosa tormenta
que se convierte en tornado,
en la paz y en la guerra
en la sangre y el sudor,
en el aire, el agua y la tierra
estas presente Señor.
viernes, 28 de septiembre de 2007
Eternamente felices *
Las lágrimas vertidas
nos secarán en el cielo,
una a una, todas,
con un bendito pañuelo,
los dolores, las tristezas,
las penas, los sufrimientos,
quedarán en paz convertidos,
serán tan solo recuerdos,
todo será claro y fresco
como mañanita de invierno,
las heridas cubiertas
con curitas de terciopelo,
las gotitas de rocío
que brillan a la luz tenue,
servirán para lavarse
las penas del pensamiento,
y eternamente tendremos:
estantes con muchos libros,
también música en estéreo,
siempre será de día,
y nunca nos dará sueño.
Las lágrimas vertidas
nos secarán en el cielo,
una a una, todas,
con un bendito pañuelo,
los dolores, las tristezas,
las penas, los sufrimientos,
quedarán en paz convertidos,
serán tan solo recuerdos,
todo será claro y fresco
como mañanita de invierno,
las heridas cubiertas
con curitas de terciopelo,
las gotitas de rocío
que brillan a la luz tenue,
servirán para lavarse
las penas del pensamiento,
y eternamente tendremos:
estantes con muchos libros,
también música en estéreo,
siempre será de día,
y nunca nos dará sueño.
El sabio *
El sabio no espera nada,
no porque ya lo tenga,
sino que disfruta hoy,
de lo que no le hace falta,
el sabio necesita poco,
y como Sócrates en el mercado,
todos los días se da cuenta,
de lo que no ha necesitado,
no le preocupa perder
lo que tenga guardado,
pues como buen sabio que es,
no acumuló ayer
lo que no ha de necesitar mañana,
y así vive, tranquilo,
sin ambiciones paganas,
solo llenando necesidades,
de pan, cobija y casa,
a su tiempo la Hermana Muerte,
con sus manos adiestradas,
lo llevará donde tendrá,
lo que realmente hace falta.
El sabio no espera nada,
no porque ya lo tenga,
sino que disfruta hoy,
de lo que no le hace falta,
el sabio necesita poco,
y como Sócrates en el mercado,
todos los días se da cuenta,
de lo que no ha necesitado,
no le preocupa perder
lo que tenga guardado,
pues como buen sabio que es,
no acumuló ayer
lo que no ha de necesitar mañana,
y así vive, tranquilo,
sin ambiciones paganas,
solo llenando necesidades,
de pan, cobija y casa,
a su tiempo la Hermana Muerte,
con sus manos adiestradas,
lo llevará donde tendrá,
lo que realmente hace falta.
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